MARIANO MELGAR POEMAS – PERUANO

FABULISTA Y POETA: MARIANO MELGAR

Los poemas de Mariano Melgar y su estilo lo llevo a iniciar El Romanticismo literario y de paso creó una literatura auténticamente peruana. También escribió fábulas y se destaco por incorporar a su creación los yaravíes. El amor por su patria lo llevo a luchar por la independencia del Perú.
Su gran amor fue Silvia, María Santos Corrales, prima en segundo grado que sólo tenía 13 años cuando él ya era mayor de edad. Sin embargo, fue ella quien insprio los poemas de Mariano Melgar, especialmente los poemas de amor. Su s padres lo enviaron a Lima a estudiar leyes. Él se regreso para ver a Silvia, pero regreso a Lima por propio consejo de Silvia. Sin embargo, ella se convirtió en su fuente de inspiración.

Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso nació en Arequipa, Perú, el 10 de Agosto de 1790 y partió el 12 de Mayo de 1815. Se convirtió en uno de los más exaltados poetas románticos del siglo 19 en Perú. ¡Qué vivan los grandes poemas de Mariano Melgar!

Si gusta saber más sobre él hágalo aquí: Mariano Lorenzo Melgar Valdivieso.

POEMAS DE MARIANO MELGAR.

AY AMOR DULCE VENENO

¡Ay, amor!, dulce veneno,
ay, tema de mi delirio,
solicitado martirio
y de todos males lleno.

¡Ay, amor! lleno de insultos,
centro de angustias mortales,
donde los bienes son males
y los placeres tumultos.

¡Ay, amor! ladrón casero
de la quietud más estable.
¡Ay, amor, falso y mudable!
¡Ay, que por causa muero!

Mariano Melgar.
Poeta peruano
Mariano Melgar.

¡Ay, amor! glorioso infierno
y de infernales injurias,
león de celosas furias,
disfrazado de cordero.

¡Ay, amor!, pero ¿qué digo,
que conociendo quién eres,
abandonando placeres.
soy yo quien a ti te sigo?

TODO MI AFECTO PUSE EN UNA INGRATA

Todo mi afecto puse en una ingrata,
Y ella inconstante me llegó a olvidar.
Si así, si así se trata
Un afecto sincero,
Amor, amor no quiero
No quiero más amar.

Juramos ser .
yo suyo y ella mia
Yo cumplí, y ella no se acordó más,
Mayor, mayor falsía
Jamás hallar espero;
Amor, amor no quiero,
No quiero más amar.

Mí gloria fue otro tiempo su firmeza,
y hoy su inconstancia vil me hace penar,
Fuera, fuera bajeza
Que durara mi esmero;
Amor, amor no quiero,
No quiero más amar.

EL ULTIMO ADIOS

Si dos con el alma
Se amaron en vida
Y al fín el destino
Separó a los dos

Ya ves que es tan honda
la pena sentida
Que nada hay mas triste
que el ultimo adios.

En esa palabra
que leve murmura
Y en ese gemido
que lanzan los dos

Adiós mi adorada
mi fiel compañera
Ya no volveremos
a vernos los dos.

Ni verse prometen
ni amarse se juran
Y en ella se dicen
para siempre adios.

YARIVÍ VII

¿Con que al fin tirano dueño,
Tanto amor, amores tantos,
Tantas fatigas,
No han conseguido en tu pecho
Más premio que un duro golpe
De tiranía?

Tú me intimas que no te ame
Diciendo que no me quieres
Ay, vida mía,
Y que una ley tan tirana
Tenga de observar, perdiendo,
Mi triste vida!

Yo procuraré olvidarte
Y moriré bajo el peso
De mis desdichas.
Pero no pienses que el Cielo
Deje de hacerte sentir
Sus justas iras

Muerto yo tu llorarás
El error de haber perdido
una alma fina.
Y aún muerto sabrá vengarse
Este mísero viviente
Que hoy tiranizas.

A todas horas mi sombra
Llenará de mil horrores
Tu fantasía
Y acabará con tus gustos
El melancólico espectro
De mis cenizas.

POR QUÉ A VERTE VOLVI

¿Por qué a verte volví, Silvia querida?
¡Ay triste! ¿para qué? ¡Para trocarse
mi dolor en más triste despedida!

Quiere en mi mal mi suerte deleitarse;
me presenta más dulce el bien que pierdo:
¡Ay! ¡Bien que va tan pronto a disiparse!

¡Oh, memoria infeliz! ¡Triste recuerdo!
Te vi… ¡qué gloria! pero ¡dura pena!
Ya sufro el daño de que no hice acuerdo.

Mi amor ansioso, mi fatal cadena,
a ti me trajo con influjo fuerte.
Dije: «Ya soy feliz, mi dicha es plena».

Pero ¡ay! de ti me arranca cruda suerte;
este es mi gran dolor, este es mi duelo;
en verte busqué vida y hallo muerte.

Mejor hubiera sido que este cielo
no volviera a mirar y sólo el llanto
fuese en mi ausencia todo mi consuelo.

Cerca del ancho mar, ya mi quebranto
en lágrimas deshizo el triste pecho;
ya pené, ya gemí, ya lloré tanto

¿Para qué, pues, por verme satisfecho
vine a hacer más agudos mis dolores
y a herir de nuevo el corazón deshecho?
De mi ciego deseo los ardores
volcánicos crecieron, de manera
que víctima soy ya de sus furores.

¡Encumbradas montañas! ¿Quién me diera
la dicha de que al lado de mi dueño,
cual vosotras inmóvil, subsistiera?

¡Triste de mí! Torrentes, con mal ceño
romped todos los pasos de la tierra,
¡piadosos acabad mi ansioso empeño!

Acaba, bravo mar, tu fuerte guerra;
isla sin puerto vuelve las ciudades;
y en una sola a mí con Silvia encierra.
¡Favor tinieblas, vientos, tempestades!
pero vil globo, profanado suelo,
¿es imposible que de mí te apiades?

¡Silvia! Silvia, tú, dime ¿a quién apelo?
no puede ser cruel quien todo cría;
pongamos nuestras quejas en el cielo.

Él solo queda en tan horrible día,
único asilo nuestro en tal tormento,
él solo nos miró sin tiranía.

Si es necesario que el fatal momento
llegue… ¡Piadoso Cielo! en mi partida
benigno mitigad mi sentimiento.

Lloro… no puedo más… Silvia querida,
déjame que en torrentes de amargura
saque del pecho mío el alma herida.

El negro luto de la noche oscura
sea en mi llanto el solo compañero,
ya que no resta más a mi ternura.

Tú, Cielo Santo, que mi amor sincero
miras y mi dolor, dame esperanza
de que veré otra vez el bien que quiero.

En sola tu piedad tiene confianza
mi perseguido amor… Silvia amorosa.
El Cielo nuestras dichas afianza.

Lloro, sí, pero mi alma así llorosa,
unida a ti con plácida cadena,
en la dulce esperanza se reposa,
y ya presiente el fin de nuestra pena.

Si gusta leer más poesías hágalo aquí: ĪNDICE DE POETAS.
Si prefiere mitos hágalo aquí: ÍNDICE DE MITOS.

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